Escapada a la provincia de Guadalajara.

De estos viajes que apenas planificas y que surgen de un día para otro. Suelo apuntar lugares que veo por internet, en revistas o en la 2 de televisión que es el canal que mas pongo con diferencia y el que mas me llena de la caja tonta. Por la provincia de Guadalajara jamás había estado y en verdad toda esa zona tiene un atractivo especial, algo que ratificaríamos a nuestro paso. El destino elegido fue Molina de Aragón, capital y centro económico de la comarca del Alto Tajo. Nos esperaban 317 km, unas 3h 39 minutos hasta llegar a susodicho pueblo medieval. Molina de Aragón se encuentra muy cercana al parque natural Alto Tajo, con especies mediterráneas de media y alta montaña, en óptimo estado de conservación y posee uno de los mayores conjuntos de cañones fluviales del interior peninsular. Salimos a media mañana y nada más llegar directos a un bar/restaurante a comer el menú del día sin muchas complicaciones.

El puente viejo o puente románico es un puente que cruza el río Gallo a su paso por la localidad. Se trata de un puente románico construido entre los siglos XII y XIII, época de la repoblación del burgo, que une el arrabal de San Francisco, donde se encuentra el Monasterio de San Francisco, con el casco histórico. En verdad se trata de un puente medieval. Desde el puente comienza un paseo junto al río que lleva a la judería y la morería de la localidad. Su reparación fue ordenada y costeada por Felipe V cuando lo visitó en sus tiempos. Paseito por el pueblo para conocerlo un poco y en eso que nos encontramos con un museo muy completo donde había una exposición permanente de un alto valor educativo. Son cinco salas donde se explica la evolución de la vida hasta la aparición del ser humano, altamente recomendable.

Durante el periodo califal, la zona debió de estar muy poco habitada. Hubo conquistas y reconquistas y en una de esas reconquistas fue tomada por el rey aragonés Alfonso I El Batallador en el año 1128. Tras la grata visita al museo donde fuimos atendidos estupendamente con un trato muy cercano seguimos paseando por las calles de Molina y disfrutando de sus zonas más antiguas a la par que íbamos buscando un sitio para pernoctar en el Dokker. A las afueras de la localidad encontramos un área de autocaravanas y vehículos camper pero se llenó rápido ya que había pocas plazas y además era un área gratuita. Así que como todavía quedaban algunas horas para que se hiciera de noche decidimos subir a lo alto del Castillo andando y atajando camino por toda la ladera.

La Torre de Aragón es el punto más alto del Castillo. Es un solitario torreón medieval que forma una fortaleza en sí mismo. Se compone de una torre pentagonal rodeada de una muralla con almenas. Su excelente estado de conservación se debe a una reconstrucción del siglo XIX. Nos hubiera gustado subir pero ese día estaba cerrado. Unas cuantas fotografías con unas vistas muy chulas y bajamos de nuevo al pueblo mientras íbamos decidiendo lo que hacer para pasar la noche. Al final pillamos el coche y nos desplazamos a un parking de la localidad de Corduente para al día siguiente comenzar la ruta del Barranco de la Virgen de la Hoz. El parking se encuentra en un entorno espectacular, en la entrada del Parque Natural del Alto Tajo. Al lado del Centro de Interpretación «Dehesa de Corduente» con zona de picnic y columpios. Allí pasaríamos nuestra primera noche y que noche másssss fría. De las pernoctas más duras en el Dokker, los cristales se congelaron por dentro y eso que estábamos en el mes de Abril. Cuando ya empezó a amanecer y el sol salió fue como un «Estamos salvados» jajajaja… Tuvimos vecinos esa noche y fue una noche heladora pero muy tranquila, sin ruidos y en plena naturaleza, algo que me encanta.

El nuevo día se presentaba totalmente despejado y con una temperatura estupenda para una jornada de senderismo hasta el barranco. Iniciamos la marcha por una pista forestal en muy buen estado, cargados con agua y algo de comida. La vegetación a ambos lados del camino era abundante y frondosa, predominando el pinar que alterna ejemplares de pino rodeno con pino salgareño. La inclinación de la pista iba en aumento hasta que pasada una media hora llegamos a lo más alto, luego fue todo llanear e incluso enfilamos una buena recta en bajada sin mucha pendiente. Intuíamos que el barranco estaba cerca y nos cruzábamos con algún madrugador que ya venía de vuelta.

Cuando llegamos vimos el esplendor del cañón desde el mirador y la ingente cantidad de masa forestal de los alrededores. Una serpenteante escalera de piedras desciende hasta el cañón desde el mirador y empezamos a bajar con sumo cuidado parando cada dos por tres a hacer fotografías.

Una vez abajo del todo vimos el Santuario de Nuestra Señora de la Hoz del siglo XIII. Según cuenta la leyenda la imagen de la virgen fue hallada por un joven en el año 1129 mientras buscaba una vaca extraviada. La imagen estaba oculta entre las peñas de este paraje para evitar ser profanada durante la invasión musulmana. Comimos algo para reponer fuerzas y de vuelta para arriba para volver por el mismo camino hasta el área donde teníamos aparcada la furgo.

Nos dieron las 3 de la tarde andando de vuelta por la pista forestal y el calor apretaba pero somos unos valientes y nos quejamos poco jajajaja… quien dijo miedo. Os dejo un video de nuestra llegada al Área/Centro de Interpretación del Parque en Corduente.

Nos aseamos un poco y como había hambre marchamos de nuevo a Molina de Aragón a comer algo. Después decidimos acercarnos a un pueblo llamado Taravilla y que nos gustó bastante por la tranquilidad y el sosiego que desprenden sus calles y sus gentes. Además comprobamos que es un pueblo que intenta atraer a la juventud con instalaciones deportivas y de ocio. Allí decidimos hacer noche en una calle enfrente de un campo de futbol abierto y de libre acceso. El plan del día siguiente era acercarnos a visitar El Salto de Poveda y la Laguna de Taravilla a unos 12 km de esa localidad. Pasamos una noche bastante más apacible que la anterior protegidos por la fachada de una casa y sin que nadie nos dijera nada. De hecho, teníamos cerca a unos vecinos con autocaravanas bien grandes. Cada vez me gusta más hacer turismo de interior, lejos de las prohibiciones y de la masificación en zonas de costa.

Al despertar desayunamos en uno de los dos únicos bares que había en el pueblo, pedimos un par de bocadillos para llevar, recogimos todo y camino a otra jornada de senderismo en plena naturaleza. Otro día con sol y temperaturas muy agradables que invitaba a moverse, a caminar, a conocer, en definitiva a seguir disfrutando del entorno que nos rodeaba. Dado que fuimos en temporada baja pudimos aparcar sin problema en uno de los 4 o 5 aparcamientos que hay antes de llegar a las cascadas. El Salto de Poveda es un espectacular salto de agua que se originó tras el hundimiento del muro de una antigua presa de aprovechamiento hidroeléctrico. Las aguas del alto Tajo se antojan en este punto de un color turquesa precioso y en toda la vegetación de la zona sigue predominando el pino. La ruta está considerada de dificultad media y es una ruta circular de unos 5 kilómetros donde nos topamos además con la Laguna de Taravilla que es una laguna de montaña, de unos 11 metros de profundidad. Sin enrollarme mucho más os muestro unas cuantas imágenes de aquel día tan chulo.

Como fue una ruta sencilla de realizar acabamos más bien pronto, los bocatas al lado del puente y a la sombra nos sentaron de maravilla y había ganas de descubrir más sitios. Ahora iba a ser un poco a la aventura así que fuimos a un pueblo cercano a descansar un poco y luego vuelta a la carretera para acercarnos hasta Peralejos de las Truchas. Dimos un paseo y como no nos convenció mucho para hacer noche allí, nos pusimos de nuevo en carretera hasta llegar a Checa. Allí cenamos en un bar y aquel pueblo nos pareció un tesoro por descubrir para nuestros ojos. El río Genitoris parte a la población de Checa en dos barrios, y está cruzado por cinco puentes de piedra. Por la noche iluminan con luces de diversos colores algunos tramos del rio a su paso por las calles y los puentes, lo cual confiere al lugar un encanto especial. Nos dijeron que nos acercáramos a visitar «Aguaspeña» donde nace el río Genitoris, un paraje de singular belleza, con impresionantes estructuras naturales formando una bella cascada. Dormimos plácidamente a la entrada del pueblo y al día siguiente nos desplazamos al lugar que nos habían recomendado. Nos encantó, el sitio es una pasada y como ya nos teníamos que venir de vuelta para casa pensé como siempre que debería volver a aquel lugar con amig@s y con mi familia. Totalmente recomendable toda la provincia de Guadalajara, en serio.