
Con la furgo preparada para una semana con todo lo necesario, emprendimos camino dirección al Algarve al sur de Portugal. El viaje iba a ser largo, unos 740 km y solo teníamos pensado hacer una parada para comer, más o menos a mitad de camino. La reserva estaba hecha a las 15:00 h en el restaurante “AlBalat” en Cáceres tras leer las buenas reseñas que la gente había escrito sobre el trato y la buena restauración del local. Totalmente recomendable si pasáis por la ciudad amurallada, así la bautizaron los árabes en el siglo IX.


Un par de platos para compartir y seguimos camino hacia el sur por la autovía de la ruta de la plata. Pasando Sevilla y en dirección a Huelva otra parada para repostar combustible, estirar las piernas y hacer aguas menores. Ya estábamos cerca de entrar en Portugal por la zona más al este de su territorio y la primera parada seria Tavira, un encantador pueblo pesquero portugués de la costa del Algarve. Lo atraviesa el río Gilão, que desemboca en las ensenadas y lagunas del parque natural de Ría Formosa. Buscamos un lugar adecuado para dejar el Dokker ya pensando en no moverlo para hacer noche, dejamos la cama preparada y derechitos a dar un paseo por el centro de dicha localidad portuguesa.



Tavira tenía buen ambiente, bastante gente paseando por sus calles empedradas, había conciertos en una de sus plazas más céntricas y un gran mercadillo con infinidad de antigüedades. Cenamos en un sitio colindante al rio, con una luz tenue, agradable, un sitio muy tranquilo y con música de fondo de un animador que iba de terraza en terraza para agradar a los comensales de los diferentes restaurantes. Luego otro paseo para bajar la cena, seguimos conociendo el lugar mientras íbamos disfrutando unos helados de postre. No tardamos en ir a dormir ya que estábamos bastante cansados del viaje y además al día siguiente íbamos a ir en ferry a Ilha de Tavira, una isla de arena que alberga las playas más bonitas de Tavira.


El paseo en ferry hasta llegar a las Praias de Tavira es un paseo muy agradable y cortito, unos 25 minutos y cuesta por persona menos de 2 Euros. Este sale junto al antiguo Mercado da Ribeira, en la Doca de Pesca. También podéis ir al embarcadero de Quatro Aguas, desde dónde salen más ferrys. Desde el pueblo al embarcadero se puede ver la bonita extensión de salinas que los separan. La isla tiene 11 km de arena blanca y fina y sin duda posee algunas de las mejores playas del Algarve, a nosotros nos encantó. El agua en las playas de Portugal suele estar bastante fría pero en la Ilha de Tavira se mantiene a una temperatura media de 22 ºC, ideal.

Nos dimos unos cuantos baños y tras tomar un poco el sol nos dirigimos a comer a uno de los pocos restaurantes que hay en la Isla. Menos mal que previamente habíamos reservado porque había bastante gente esperando a ser atendida. Llevaba sed y hambre y lo que pedimos me supo a gloria bendita, es recordarlo y automáticamente salivar. Una jarra de sangría bien fría con múltiples trozos de fruta y con bastante sabor a canela que me encanta y unos pinchos de carne, verduras y langostinos con unas patatas fritas. Todo delicioso. El lugar por si vais… «Bar/Restaurante Pavilhao Da Ilha»


Después de comer volvimos un rato a las toallas y más tarde dimos un paseo por la extensa playa. Un gusto andar descalzos por aquella fina arena dejando que de vez en cuando las olas rompiesen en nuestros pies cuando nos acercábamos más a la orilla. Siempre me pasa que me confío demasiado y no me aplico la crema solar suficiente y aquella tarde me quemé un poco la espalda, a la noche lo pagué y me costó dormir.

Un par de chapuzones más y a recoger todo para volver de vuelta a Tavira en ferry. Casi toda la gente aguarda hasta el último momento para marchar y así aprovechar al máximo el día pero se forman buenas colas para embarcar así que es mejor no coger el último ferry. Nosotros aprovechamos justo la caída del sol ya montados en el barco y pudimos hacer unas cuantas fotos del atardecer cayendo el astro Rey sobre el oeste de Portugal. Que magia tiene esa luz para sacar buenas fotografías.

Al llegar de nuevo a Tavira nos aseamos un poco, nos cambiamos y a cenar donde pillásemos, esta vez sin haber reservado nada. Nos costó encontrar mesa ya que había bastante más gente que la noche anterior y tras dar varias vueltas por las diferentes calles pudimos al fin sentarnos tranquilamente en la terraza de un restaurante bastante céntrico. Luego un paseo por la zona más alta de Tavira y a dormir después de otro día bastante intenso conociendo y disfrutando de aquel fabuloso lugar y sus alrededores.

Al día siguiente cuando nos despertamos fuimos a desayunar al único bar que vimos abierto, nos dimos cuenta que por allí no madrugan mucho y hasta casi las 11 de la mañana no hay apenas movimiento. Recogimos la cama y todos los bártulos y nos pusimos en ruta para ir a conocer la capital del Algarve, la ciudad de Faro. Una minicamper es lo que tiene, prescindes de ciertas comodidades pero la movilidad es total pudiendo aparcar y quedarte a dormir casi en cualquier parte, recoges rápido y carretera a otro sitio. Nos separaban 36 minutos entre Tavira y Faro así que con tranquilidad y disfrutando del paisaje como a mí me gusta. Cuando llegamos fuimos directamente a un parking cercano al centro, aparcamos casi a la primera a pesar de que estaba aparentemente lleno. Los aviones volaban bastante bajo dada la cercanía al aeropuerto e hicimos unas cuantas fotos y videos. Después nos adentramos al casco viejo y buscamos un sitio donde sentarnos a tomar algo fresquito.


La capital es un importante centro turístico con aeropuerto internacional y tiene un destacado patrimonio monumental: Iglesia, catedral, un palacio y murallas. Tiene también zona comercial en el centro de la ciudad alrededor de las calles Francisco Gomes, Liberdade y Ferreira Almeida y Calle de Santo António, la principal calle comercial. En Faro se desarrollan actividades económicas como la pesca, principalmente del atún, la industria conservera y la exportación de frutos y corcho. Lo que si que vimos fue una ciudad un tanto descuidada en la conservación de sus edificios, muchos de ellos cerrados y o abandonados con fachadas maltrechas que urgían una clara remodelación. Pero Faro tiene mucho que ver y tiene cosas con un encanto especial, por supuesto.


Aquí nos pasó parecido a Tavira, que sin haber reservado en algún sitio para comer nos costó un poco encontrar un lugar que nos convenciera. Acabamos en el puerto deportivo en un sitio donde no estaban nada mal los menús y muy bien de precio. Al acabar vimos un hueco muy idóneo para mover el Dokker y pasar allí la noche en el mismo puerto ya que para más inri a pocos metros nos salía al día siguiente una excursión en lancha a la Ilha Deserta e Ilha Do Farol.

Una vez habiendo llenado los estómagos la pesadez era importante así que cogimos las toallas y nos tumbamos en el césped de un parque cercano a la sombra de unas palmeras. Estuvimos en la gloria esquivando el calor pudiendo así dormitar un poco, reponiendo fuerzas para seguir conociendo la ciudad. A la tarde paseamos por sus calles mas comerciales y cuando ya bajaba el sol volvimos al coche, dejamos la cama preparada, nos cambiamos de ropa y nos encaminamos al casco viejo para cenar. Estaba todo hasta la bandera y tras esperar unos 20 minutos por fin entramos en uno donde nos sentaron en un lugar bastante chulo, una terraza descubierta y con unos mariachis amenizando la velada. Nosotros lo que nos ahorramos en dormir lo gastamos en comer por ahí, no gusta bastante esa forma de viajar. Conocer la gastronomía de cada lugar al que vamos.


Al día siguiente teniendo que madrugar nos fue imposible meternos un desayuno contundente, los 2 bares abiertos que vimos tenían café y poco mas así que algo rápido y marchamos al lugar de encuentro de donde salía la excursión. Ilha da Barreta o ilha Deserta es el punto más meridional de Portugal continental y es una de las islas que funciona como barrera entre las marismas del Parque Natural de la Ría Formosa y el mar. La única manera de acceder a ella es en barco lo que la convierte en uno de los lugares más vírgenes de Portugal y de Europa. Subimos con mas gente y el guía que además era también el capitán de la embarcación, nos iba explicando sobre la marcha.

En ilha Deserta pudimos bajar y estar por allí una media hora, a la isla en cuestión le viene el nombre que ni pintado porque no hay casi nada. Paz y tranquilidad toda la que quieras. El agua estaba fría y el tiempo algo nublado y a pesar de ir preparados con las toallas no nos bañamos. Nos acercamos al faro y fotito al canto a mi damisela que sabe posar de maravilla.

De ahí fuimos a llha do Farol que es otra de las que forman la barrera de arena entre el mar y la ría Formosa formando parte así del Parque Natural del mismo nombre. Con un pequeño pueblo en su interior llamado Farol en el que los habitantes se dedican mayoritariamente a la pesca o la recolección de bivalvos en la ría. Esta isla es un paraíso, muy bonita, bañada por un mar tranquilo y claro. Tiene casitas preciosas de muchos colores y nos supo a poco la hora que nos dejaron caminar por ella. En esta ocasión le eché valor y si que me bañé bajo la atenta mirada de una gaviota.




Nos despedimos de Faro y siempre al irnos de los sitios nos da la sensación de perdernos muchas más cosas, seguro, harían falta más días para verlo todo más afondo. Siempre se puede volver, está claro pero ahora tocaba agarrar de nuevo el volante y poner rumbo al siguiente destino, Albufeira.

De camino a Albufeira y viendo que el tiempo había mejorado notablemente hicimos parada en una playa próxima a la localidad, estuvimos poco tiempo pero nos dio de sobra para un refrescante y relajante baño. Ahora tocaba hacer I+D para ver donde pernoctar en esta antigua villa pesquera que se convirtió en un importante destino vacacional con el paso de los años. Tardamos poco en darnos cuenta del ajetreo nocturno que allí se cocía. Después de cenar en un sitio bastante majo empezamos a andar por las calles en dirección al tumulto. Todo abarrotado de gente, muchos bares, restaurantes, tiendas, pubs con la música alta, algunos, los mas grandes con conciertos incluso. Dimos también con el túnel de Albufeira, un curioso túnel excavado en la roca que da paso a la Praia Do Tunel dou Peneco, muy chulo de ver y atravesar por la noche con los focos de luz. La verdad es que si tienes ganas de marcha, de jolgorio y te gusta la iluminación nocturna que hace que las fachadas de las casas encaladas resalten con el contraste de una noche oscura, Albufeira es tu destino.


Benagil era la siguiente parada y desde Valladolid ya había contratado el alquiler de un kayak para recorrer las famosas cuevas marinas. Había ganas de realizar esa actividad pero el primer día lo dedicamos a hacer la ruta de senderismo llamada «Los Siete Valles» que recorre los acantilados hasta Benagil pueblo. El tiempo iba mejorando por momentos, parecía que cuanto más al oeste íbamos mejor clima hacía. Espectacular el paisaje y el color turquesa del agua. La ruta se completa con facilidad y tan solo hay que tener cuidado de no arrimarse demasiado a los acantilados.



Tras la caminata nos merecíamos comer en un restaurante pero una vez más no teníamos nada reservado, nos tocaba ir a la aventura, o había suerte o vuelta para atrás al Dokker y a tirar de latas y camping gas. Dimos con un restaurante que tenía bastante cola de gente para entrar pero casi todos iban en plan familia o grupos de amigos, no había mesas grandes para tantos. Así que en cuanto se vació una de dos comensales entramos y nos saltamos de golpe a unas 15 personas por delante nuestro. Se nos abrió el cielo jajajaja… Ese lugar es de los mejores sitios donde he comido en Portugal y se llama «Casa Lamy». Una riquísima ensalada variada y una cataplana increíble acompañada de arroz y patatas a la brasa.


Volvimos por donde habíamos venido y menudo llenazo llevábamos, nos costaba andar pero que rico todo. Yo creo que tardamos el doble de tiempo en volver y al llegar al coche nos metimos unos buenos tragos de agua fresca. Es increíble como los cajones de la camperización aíslan del calor y mantienen el agua en su punto óptimo para el consumo. Bajamos a una playa que estaba al lado del parking y ahí descansamos un buen rato tumbados en las toallas. Iba atardeciendo y teníamos que buscar de nuevo un lugar adecuado para hacer noche. Cerca del restaurante en el que habíamos comido divisamos un amplio parking de tierra, pero perfecto dada la cercanía con la actividad del día siguiente, arrancamos y para allá que fuimos. Al llegar había mucho espacio para aparcar pero sabíamos que a la mañana siguiente estaría petado, se juntaban dos factores, pleno agosto y la enorme cueva Algar de Benagil que tiene mucha demanda de visitantes. Las toallas estaban húmedas así que había que ponerlas a secar de alguna manera, somos muy apañadicos jajajajaj…

Otra «madrugada» entre comillas, teníamos que salir con el kayak a las 10 de la mañana y estaríamos remando por el mar unas 3 h más o menos. Entrando y saliendo de calas, playas y grutas marinas. Una actividad que nos dejaría las manos y los brazos bastante cansados. Cuando despertamos y salimos de la furgo vimos que estábamos en lo cierto. El parking a reventar, no cabía ni una camper ni autocaravana más. Todos habían venido a hacer lo mismo, que pena no tener vacaciones en otro mes del año. Que agobio fue ver a tantas y tantas personas adentrarse en el mar con los remos, una autentica romería. Intenté no pensar mucho en ello y procuré disfrutarlo igualmente.







Fue un día agotador pero no faltaron las risas, las fotografías y algún que otro susto con las olas cuando queríamos salir de alguna cala. Ese mismo paisaje sin apenas gente se tiene que disfrutar el triple. De allí nos marchamos dirección Portimao, necesitábamos ya hacer una noche en alguna pensión, sobre todo para darnos una ducha en condiciones. Miré a través de Booking y apenas quedaban sitios libres, casi todo cogido y lo que merecía un poco la pena con precios por la nubes, ya se sabe, Agosto el peor mes para todo. Tras un buen rato buscando encontré una habitación en un hostal bastante viejo, hicimos fotos pero mejor no ponerlas por aquí. Dijimos… pero esto que es!!! El Dokker estaba mucho mejor para dormir que aquello, os podéis imaginar jajajaja… el hostal estaba enfrente de la iglesia Madre de Portimao, construida en la segunda mitad del siglo XV, su aspecto actual se debe a la reconstrucción tras el gran terremoto de 1755.

Nos duchamos, nos pusimos guapetes y a cenar por ahí. Dimos un paseo sin investigar mucho y sin alejarnos demasiado del hostal. Nos acercamos al paseo marítimo, comimos unos helados y nos encontramos con una pequeña feria del vino en un parque. Llegaba la hora de dormir porque a las 12 del día siguiente nos íbamos en dirección a Lagos.

Lagos nos sorprendió gratamente con callejuelas muy bonitas y edificios coloridos. Mucho ambiente, tiendas por todas partes con ropa y souvenirs de todo tipo. En este punto del viaje piqué y me compre un León de resina para el salón de casa, un par de camisas, un pantalón corto y unas chanclas. Es un sitio donde nos hubiésemos quedado más de un día pero las vacaciones llegaban a su fin y todavía nos quedaba por visitar la Praia Da Mareta y el Cabo San Vicente.






No me podía marchar de Portugal sin meterme al mar por última vez y aunque había leído que el agua era casi heladora en Praia da Mareta, estaba dispuesto a zambullirme igualmente. Es una playa muy bonita o por lo menos a mí me lo parece, tranquila y sin apenas gente. Es lo que me sorprendió y no sé si es porque estábamos muy al oeste y fuera de las zonas turísticas o tiene que ver también que el agua está demasiado fría y pocas personas se atreven a ponerse un rato a remojo. Dejamos el coche justo antes de bajar a la playa y en un sitio donde nos parecía estupendo para quedarnos a dormir. La pegatina «Dokker Camper» nos acompaña en cada escapada, un grupo de Facebook y de WhatsApp, una comunidad guapa de gente de toda España con Dacias Dokker camperizados.



Os puedo asegurar que es cierto, la temperatura del agua es muy baja y o nadas rápido para entrar en calor o sales de color azul del frio que pillas. A mí me dolían los oídos y las sienes pero estaba emperrado por dar el último chapoteo. Al salir, cuando ya me sequé, de cabeza al chiringuito a tomar una bebida que me llamó la atención y que no recuerdo su nombre, el sabor estaba muy rico y tenía un mínimo de alcohol. Luego nos pusimos algo de ropa de abrigo porque se levantó un viento fresco desagradable y fuimos a observar una espectacular puesta de sol a un acantilado cercano.




Cenamos algo ligero y sencillo por los alrededores y a dormir acurrucados ya que habían bajado los grados considerablemente. El día siguiente era el día de volver a casa tras visitar el Cabo San Vicente y solo de pensar en la panzada de kilómetros que me esperaban hasta Valladolid… Ufff, una pereza terrible, me hubiera quedado allí mismo una semana más y sin pensarlo dos veces. Unas vacaciones intensas, aprovechando el tiempo al máximo y gastando poquito. Siempre digo lo mismo, aquí tengo que volver pero me temo que me hacen falta tres o mas vidas para hacer todo lo que quiero hacer jajajaja…. Esto es lo que nos llevamos, hay que vivir los momentos siendo conscientes de lo que estamos viviendo. Disfrutad que la vida pasa muy rápido.





Tenemos este viaje anotado en, próximo destino. Estamos deseando conocer toda esa zona. Qué bien nos lo habéis detallado para saber a dónde ir.
Hugo!!! 🙂 Me alegra mucho saber que os puede servir un poco de guía. El Algarve tiene sitios fabulosos y os encantará, seguro. Un abrazo grande !!!